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El masaje es un arte antiguo y valorado, cuyo valor se ha pasado por alto de manera temporal en nuestra sociedad, que siente cierta fobia al contacto, debido a nuestro bagaje cultural.

En Japón, China, India y en los países más fríos de Europa, el Norte escandinavo, nadie cuestiona el valor terepéutico del masaje, formando parte natural de su cultura como un método de sanación y bienestar, beneficioso para cuerpo y mente.

En nuestra sociedad occidental en cambio, el masaje ha experimentado un proceso de aceptación paulatino, intensificado en las últimas décadas, dado que, tradicionalmente, se solía identificar el contacto físico entre extraños con dos cosas: la agresión y la intimidad. La mera idea del contacto es cuestionable, dado que el “salón de masajes” se convirtió bien pronto, en un eufemismo que enmascaraban otras actividades.

La aceptación del masaje como una terapia legítima y beneficiosa para nuestro cuerpo y mente, se extendió en Estados Unidos en la década de los 60, como parte de los movimientos de psicología humanística y de potencial humano que redescubrieron para Occidente, las tradiciones ancestrales de Asia y Oriente, en la que se buscaba una mejora de la calidad de vida de las nuevas estructuras sociales que el desarrollo iba forjando.

Las personas que durante mucho tiempo habían perfeccionado las técnicas terapéuticas del masaje, adquirieron relevancia, y personajes como Ida Rolf, F.M. Alexander o Willhem Reich, alcanzaron el reconocimiento de sus terapias como eficaces en la mejora de dolencias físicas y mentales.

¿Por qué se hace tan necesario un masaje?

Porque la vida cotidiana somete a nuestro cuerpo a un desgaste diario: sentarse muchas horas seguidas acentúa la rigidez de articulaciones y músculos, debilitándolos y afectando al movimiento. Cuando nuestros músculos están tensionados o débiles, el tejido conjuntivo que recubre huesos y cartílagos, se endurece con el fin de protegerlos, lo que dificulta y entorpece aun más el movimiento y recurrimos a posturas defectuosas que acaban por acentuar el problema.

A medida que tenemos más edad, la capacidad motriz decrece, y la acumulación excesiva de tensión muscular no tratada a lo largo del tiempo, suele derivar en molestias físicas y en problemas articulares y locomotores. Por lo que el alivio de la rigidez y la tensión muscular que se consiguen con las diferentes técnicas de masaje, ayudan a estimular las funciones motoras y a potenciar la sensación de bienestar mental que el alivio de la presión en zonas como el cuello, la cabeza o los pies producen.

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